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jueves, 17 de febrero de 2011

Pensamientos inconexos

Creo, que una persona tiene una cantidad de optimismo determinada, y es libre de gastarla y usarla a su antojo.
Particularmente, yo, me he dado cuenta, de que últimamente, aprovecho mi optimismo para suplir el pesimismo de otras personas que me rodean; trato de hacerles ver lo bueno de las cosas que ellos ven tan oscuras, les abrazo cuando lo necesitan y les beso en la mejilla para hacerles sonreír. Es por eso, que cuando me encuentro conmigo misma, ya no me queda nada de ese optimismo. Tengo ganas de llorar, a pesar de que no conozco el motivo, o quizás son muchos. Hay gente que me agradece mi optimismo, como ya he dicho, con una sonrisa o un gesto; pero eso, a solas, no me sirve para nada. Paso la semana agotada y con ganas de dormir, detestándome a mí misma porque mi fuerza de voluntad es peor que pésima. Y, al llegar el fin de semana, me encuentro con que ya no tengo a nadie a mi lado que quiera verme todas las semanas, nadie con quien hablar horas por teléfono de todo y de nada, nadie de los que me rodean son tan cercanos ya a mí como para preocuparse en exceso por mis problemas, que no les apetece verme llorar, ni verme más de lo socialmente necesario.
Ahora que estoy tan sola, me pregunto,¿qué he hecho mal para conseguir que nadie me quiera? ¿Por qué las cosas no van como me gustaría?

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