Tengo que decírtelo amado mío, me hacías sentir la peor persona del mundo cuando discutíamos, a pesar de que tenía mis razones para pensar como lo hacía. Me creí especial cuando susurrabas palabras dulces en mi oído, que se desparramaban inundándolo todo, y cuando se extinguían, dejaban un sabor amargo. Me sentí pequeña, inútil, fea; sólo porque tú no confesaste tus propios defectos. Aún hoy creo que no te merecía, que eras mil veces superior a mí. Te quise, te quiero y probablemente te seguiré queriendo, no de la misma manera, espero, pues sería insoportable para mi pobre corazón que, con cada latido, te trae de nuevo a mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario